Ella, tan suya y tan de sí,
tan de sus íntimos quereres,
infantiles y hasta inocentes,
ajenos al nos y a mí.
Ella, tan suya y no mía,
tan de miedos y espesores,
no dejaba que viera otros bosques
y solo una rama quería.
Ella, tan indecisa y sombría,
tan de huidas y soledades,
quería conquistar todos los mares
pero ni hacerse caso podía.
Ella, tan, tan llena de sí,
no se hallaba en las noches
ni en el vino, ni en el derroche
de dolor que había dentro de sí.
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