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Queja de madre
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Queja de madre

Muchas madres se quejan de la poca ayuda de sus hijos. Siempre se asocia su queja a un hecho: “los hijos son unos desconsiderados”. Cuando se va más fondo y uno se adentra en la problemática, a veces se encuentra con realidades interesantes: Madres autosuficientes que quieren hacer todo y no aceptan ayuda; madres obsesivas que no toleran una variación en la forma de ejecución de la labor ni quedan contentas con su resultado logrado; madres dependientes que ven a sus hijos como monumentos a contemplar y no quieren dejar de hacerlo; madres servilistas que han confundido el amor digno y servicial con esclavitud moderna y autoinflingida; madres que aún no se han perdonado por algo y en su servicio, ven una oportunidad para expiar su culpa; madres frustradas con su vida, que en sus hijos un anhelo de realizarse, aunque no sea en primera persona; madres sobrecargadas por la repartición injusta de las cargas; madres que se han creído con el deber de tener-que-ser madre-padre; madres pisoteadas por la irresponsabilidad de otros, a veces incluso con su complicidad.

Y por el lado de los hijos…

Hijos que se aprovechan de su autosuficiencia para gozar de tiempo libre, de las monedas sobrantes o de su fuerza intacta; hijos heridos por la obsesión, que se sienten inútiles y hasta dolidos por no poder-hacer mucho; hijos asfixiados por el culto que les dan y mareados por la altura a donde los han subidos; hijos beneficiados con el servilismo o hasta indignados con esa interpretación nociva y distorsionada de “amor de madre”; hijos convertidos en chivos expiatorios a través de los cuales se “liberan culpas”, y por ende, desgastados o hasta (mal)beneficiados por tanta atención, prontitud y disponibilidad; hijos que se sueñan dentro del vientre materno porque fuera de él “sería imposible”, o atropellados en su libertad, pisoteados en su autoestima y hasta abusados en su conciencia; hijos acostumbrados a la buena vida, a pesar de las lágrimas y el sudor de otro; hijos que han reconocido a la madre-como-padre, cuando es poco posible que puedan ser padre sin dejar de ser madre; hijos cómplices de explotación moderna o hasta patrocinadores de una desgracia autoinflingida.

Detrás de una queja, puede haber tanto detrás… Lástima que el ser humano sea tan dado a las inclinaciones subjetivas, a las asociaciones por emoción, a los discernimientos de “una sesión” y a analizar poco las situaciones… Pero hay Esperanza. Luego de saberlo, de procesarlo, de discernirlo y de entender lo que cada quien debe entender, se despierta, adentro y afuera, una inquietud y a la vez fuego, suave pero incendiario, que mueve la voluntad para dar un primer paso; luego el otro y el otro y así.

Una queja de madre puede ser una puerta abierta hacia algún lugar interesante.

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