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Leer entre líneas - Anécdotas de mochila

Hay un viejito, cieguito, querido, sacerdote él, que siempre ha tenido una palabra oportuna para mí. Hace como cuatro años fui a buscarlo para algo concreto. Aunque llegué en un momento inoportuno —pareciera algo característico en mí y, sin proponérmelo (ja, ja, ja)—, bajó a atenderme pero se demoró porque tuvo que esperar a que le ayudaran a bajar las escaleras.

Luego de aclarada la cuestión en consulta, me dijo algo que quedó resonando en mi interior hasta hoy: «El que no sabe es como el que no ve». Lo más curioso fue cómo me lo dijo y porqué me lo dijo. Yo ya iba saliendo de aquella sala, cuando él me preguntó por la hora. Yo le respondí que eran las 5 de la tarde. Entonces me dijo «¿Será que me puedes ayudar con la liturgia de las horas? Es que no la he hecho y, como no veo, no sé ni la página, ni donde estoy, ni nada. Es que, el que no sabe, es como el que no ve».

Mi memoria no es muy buena, pero de vez en cuando, pasa que recuerdo cosas sin proponérmelo; me vienen a la mente con mucha frescura. Y como quiero coleccionarlas, aquí dejo constancia que ese viejito querido, no solo me ha atendido —a pesar de lo inoportuno que he sido— sino que gracias a él, comencé a entender el valor de aprender a leer entre líneas.

Felipe Farias Rodriguez

Laico, católico, discípulo, caminante, misionero, catequista. Aprendiz apasionado por la Persona de Jesús, su proyecto del Reino y la teología bíblica.

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